Wednesday, 17 October 2007

5

Traje una espada. Me senté en el único rincón espacioso y escuché cada uno de los monosílabos de Laurita. Su vida, como la camiseta de los muchachos dentro de un vestuario sin terceros tiempos. Calamitoso.

- Me voy.
- ¿Hacia dónde?

Qué te iba a explicar, si para vos el camino era casi unidireccional de plaza en árbol y de vuelta al banquito de mimbre para limarte las uñas postizas y sentirte reina del carnaval carioca. Callecitas de tu hemisferio derecho como la más prolija cuadricula de Haussmann. Es la única amiga que logró separar el tiempo del cansancio.

- Hacia el país de nunca jamás vengas a visitarme...

Era para que me fuese pegando un portazo, pero me quedé con el chiste.
Laurita largó la carcajada sin entenderme.

- ¿Qué será de Hernancito? ¿Habrá vendido algún cuadro?

Yo lo iba a averiguar solamente en unos días. En ese momento no podía explicarte ni una sola coma del argumento porque sabía que desenfundarías la Magnum preguntona hasta dejarme aturdida. El día estaba rancio y Menem saludaba desde la tele. Me tienen harta.

You see me
You see me
You think you will see me again
Now you don’t.
Simple.
Ya ni me tienen.

Me voy desafiando a la ciudad a que me busque, piedra libre cuatro, cinco, diez. Punto y jota de tiempos jodidos, de expresión casta relamida y pacata. Con mi viejo muerto y mi madre ensartada en la alta alcurnia en brazos de un coleccionista de cachivaches, me puedo dejar de estar por el sur tranquila.

Que frio. Este otoño se empeña en clavarse en la esquina de Corrientes y Talcahuano. Arrastro los pies para llevarme aunque más no sea el polvo bruto de los adoquines que están tan muertos como el día.

Buenos Aires, cuando lejos te vea. ¿Te vea?

Bernarda con la misma be. De los buenos días que ya no son.
Austral. La cuna del aire hace mover unas alas de hojalata y hay un espigón para salir corriendo por la pista de bowling sin que me frenen los hombres de orejeras chatas. Hernán me está esperando con gorra de yanquee doodle en el aeropuerto del presidente fusilado.

- Asesinado.
- Es lo mismo.

Llegar y actuar sin nadie aquí y con gente por todos lados. Cuando el taxi arranca a toda marcha creo que me sale en un grito: Buenos Aires, te reto a que me olvides, a que publicites por la calle que no te quiero ni te espero ni me voy a arrepentir.

El húmedo color de las paredes me desaloja. Penar es casi vano. El medio más exquisito y privado me da la pauta e, inalámbrico en mano, sólo me resta decir un par de cosas.

- Hola... Soy Bernarda Martinez, la chica del tercero B. Ya no estoy en Buenos Aires, ¿Le molestaría entrar a cerrar las persianas de mi departamento? El clima estaba horrible y creo que me las dejé abiertas.

No comments: